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Dietas para la Diabetes.
Como hemos visto en páginas anteriores, para reducir las grasas de la sangre, además del estilo de vida (sedentarismo, tabaco, etc), también debemos complementar con una dieta sana y equilibrada.
Si tenemos en cuenta que, con frecuencia, las grasas elevadas en sangre vienen acompañadas, como hemos visto, con otras enfermedades y factores de riesgo (diabetes, hipertensión arterial, etc), la confección de una dieta es realmente complicado. Todos sabemos que hay determinados alimentos que podemos comer para rebajar el colesterol, pero que nos viene mal para, por ejemplo, la hipertensión.
El comienzo de una dieta es siempre un paso duro en el tratamiento de cualquier desorden del metabolismo, pero un paso que hay que dar. Aquí van una serie de consejos y ejemplos de dietas, que intentaremos renovar y/o añadir nuevas, con objeto de no caer en el mayor enemigo de cualquier dieta: el aburrimiento. Para luchar contra él tenemos dos armas: la variedad (que la intentaremos pones nosotros) y la imaginación en la presentación de los platos (que ha ser obra del cocinero/a). ÁNIMO.
Comenzaremos con unas NORMAS GENERALES a tener en cuenta para cualquier tipo de dieta:
El peso indicado de los alimentos es el peso en crudo de la porción
comestible, es decir, convenientemente pelado y limpio.
El aceite total permitido lo puede repartir a su
gusto entre los diferentes platos de un menú. Puede ser
aceite de oliva, girasol o cualquier otra semilla. Nunca
utilizará grasas animales (manteca, mantequilla).
El uso de condimentos (ajo, perejil,
limón, pimienta, etc)
es libre a no ser que haya alguna otra contraindicación (caso de la
pimienta en los problemas gástricos).
La carne será siempre magra (sin
grasa).
El pescado puede ser de los considerados
"blancos" y también de los "azules".
Volvemos a insistir en la regularidad, la variedad y la presentación de los platos, fundamental para conseguir los objetivos deseados.