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Un Consejo de ApliMed para prevenir la propagación de la gripe A
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HIPERTENSIÓN ARTERIAL: LA MAGNITUD DEL PROBLEMA
La HTA es de por sí una enfermedad cardiovascular, además de uno de los tres factores de riesgo más importantes, junto con el colesterol elevado y el consumo de tabaco, para padecer otras enfermedades cardiovasculares como la cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, arteriosclerosis, etc. En estudios realizados en España se sugiere que, al menos, el 20% de la población adulta entre 20 y 65 tienen una Tensión Arterial (en adelante T.A.) iguales o superiores a 140 mmHg de presión sistólica y/ó 90 mmHg de presión diastólica. Como sabemos, el corazón tiene dos movimientos:
La T.A. se mide en milímetros (mm) de mercurio (Hg) y no es más que la presión a la que circula la sangre por las arterias. Podemos imaginarnos el sistema vascular (corazón y arterias y venas) como un circuito cerrado de agua. Las tuberías serían las venas y arterias, y el motor que lo impulsa sería el corazón. Así, la presión del agua en este imaginario circuito dependerá de dos factores:
Los niveles de tensión arterial son, en parte, genéticamente determinados, pero las causas del aumento masivo de los niveles elevados de tensión arterial son ambientales. Ello se pone especialmente de manifiesto cuando personas procedentes de sociedades con cifras bajas de tensión arterial emigran a otras sociedades. En base a las evidencias científicas existentes sobre las causas de la tensión arterial elevada y sus posibilidades de modificación se proponen una serie de recomendaciones. La dieta española es rica y variada. Se caracteriza por un alto consumo de verduras, frutas,`pescado y aceites vegetales. Estas características positivas de la dieta española deben mantenerse. Sin embargo, distintos estudios epidemiológicos han mostrado que la obesidad y el exceso de peso son características excesivamente frecuentes entre la población adulta española, especialmente entre las mujeres en la edad media de la vida y también entre los niños y adolescentes. Dichos estudios han mostrado que el 50% de los adultos presentan, al menos, exceso de peso y a partir de los cuarenta años el 50% presentan obesidad manifiesta. La obesidad es un factor principal causante de la elevación de la tensión arterial, además de contribuir de forma negativa en otras muchas enfermedades. Por ello se recomienda: Ajustar la alimentación para asegurar un balance energético adecuado. Es decir, comer con arreglo a las necesidades reales, según el ejercicio y trabajo realizado. Se considera conveniente la reducción de la ingesta media de grasa total al 30-35% de la energía total, con una distribución de grasas saturadas inferior al 10% (preferentemente alrededor del 7%). Las grasas poliinsaturadas no deben superar el 10%, y el resto (15%) debe corresponder a las monoinsaturadas. Se considera necesario que, como parte de la estrategia de población, los organismos públicos y las diversas entidades cívicas en colaboración con ellos establezcan las condiciones necesarias para que las personas de todas las edades puedan mantener su peso corporal y realizar ejercicio físico adecuado a sus posibilidades, de forma habitual. El papel del estrés y de los factores psicosociales en el desarrollo de la tensión arterial elevada es discutido, aunque existen indicios razonables para pensar que pueden jugar un papel importante. Es difícil, por tanto, dar recomendaciones de prevención al respecto en este momento. Sin embargo, es claro que entre algunos grupos sociales menos favorecidos y con menor nivel educativo se dan cifras más altas de tensión arterial. La mejora de las condiciones estresantes derivadas de dichas situaciones sociales es fundamental para el control de la tensión arterial en dichos grupos. Además, las medidas de prevención anteriores, deberán adecuarse para que se asegure su alcance a estos grupos. Por otro lado, otras condiciones ambientales estresantes, entre ellas el ruido, se consideran factores favorecedores de cifras elevadas de tensión arterial, además de la aparición de otros trastornos. Sin embargo, su papel es mucho menos claro que el de la obesidad y el alto consumo de sodio y alcohol. Parece razonable recomendar la reducción de los actuales niveles de ruido en las calles, en los lugares de trabajo, sitios de esparcimiento y transportes.
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