En
verano miles de personas se exponen voluntariamente al sol con el fin de
tonificar su piel y adquirir un buen bronceado, pero el sol es un agente de gran
potencia lumínica frente al que es necesario tomar precauciones. Los rayos
ultravioletas del sol penetran la piel y producen un aumento de la tonalidad
oscura, pero si se toma el sol en exceso o sin cuidado pueden ocurrir lesiones
en la piel que van desde un pequeño enrojecimiento a auténticas quemaduras.
REACCIÓN DE LA PIEL AL SOL
Los rayos ultravioletas producen una reacción inflamatoria en la piel. Si la
exposición es poca y muy progresiva se produce un aumento en la pigmentación. Es
lo que se conoce como "ponerse moreno". La reacción de la piel ante el sol es la
de autoprotegerse. Para ello se vale de los llamados melanocitos situados en la
epidermis y contienen un colorante oscuro: La melanina, que es la responsable
del tono oscuro de la piel. Este tono es más o menos intenso según sea la
cantidad de exposición solar y la facilidad de cada persona para fabricar
melanina (los morenos la fabrican fácilmente, pero los rubios y personas de piel
pálida apenas la producen).
TIPOS DE QUEMADURAS SOLARES
Si la exposición a los rayos ultravioletas es brusca y durante mucho tiempo se
produce una lesión en la piel, que toma un color rojizo brillante y es bastante
molesta al roce. Si la quemadura es más intensa (amplias zonas de la piel) los
signos inflamatorios son más evidentes y dolorosos.
Las lesiones que el sol provoca sobre la piel son quemaduras. Suele tratarse de
Quemaduras
de Primer Grado: Se caracterizan por ser muy inflamatorias y no destruir
los estratos profundos de la piel. Se presentan como enrojecimiento, hinchazón y
dolor, que ceden en 3 días. Finalmente se puede producir la descamación de la
parte más superficial de la piel (epidermis), que volverá a epitelizarse en una
semanas sin dejar huellas. Si la quemadura es más profunda se producen ampollas,
se trata de Quemaduras de Segundo Grado:
Afectan de forma importante al estrato superficial de la piel (epidermis) y lo
desprenden directamente (capa externa
de la ampolla). También se lesiona
levemente el estrato profundo de la piel (dermis), que es la zona más roja del
suelo de la ampolla. La evolución es buena y la ampolla se reseca y desprende
sola en pocos días. Después en unos 8-10 días se completa la regeneración de la
piel sin dejar señales. Es mejor no reventar las ampollas ya que la piel
levantada es el mejor apósito posible y el líquido contenido tiene las defensas
suficientes como para fortalecer la piel.
PREVENIR LAS QUEMADURAS SOLARES
La mejor manera de evitar las quemaduras solares es hacer un uso racional del
sol. La exposición excesiva a sus rayos puede ser perjudicial tanto a corto como
a largo plazo. Al principio del verano se debe tomar el sol pocos minutos, e ir
aumentado el tiempo a medida que la piel se va adaptando a la exposición. Se
debe evitar la aparición de signos inflamatorios en la piel (enrojecimiento,
edema, dolor irritante) y es mejor irse poniendo moreno / morena poco a poco.
Además de proteger la piel con cremas protectoras solares (fotoprotectoras) que
actúan como filtro solar. Debe elegirse el factor de protección más correcto en
cada caso, para ello es muy útil consultar con el médico o el farmacéutico
solicitando su consejo. En principio es preferible usar un filtro solar de alta
protección (protección solar 30-60) en las primeras exposiciones al sol, e ir
reduciendo la protección a medida que transcurre el verano.
Los niños y niñas, y las personas de piel delicada son los que más riesgo tienen
de sufrir quemaduras en su piel y deben ser protegidos con rangos elevados. En
estos casos se recomienda además tiempos cortos de exposición directa de la piel
al sol y no exponerse dentro de las horas de máxima irradiación ultravioleta, de
10 la mañana hasta las 16 horas de la tarde. A estas horas es cuando la
radiación ultravioleta es más intensa y cancerígena. Si se toman baños o se suda
mucho hay que ir renovando la crema de protección frecuentemente, en función de
su factor protector y de la propia sensibilidad de la piel. El uso de
sombrillas, camisetas y sombreros evita una exposición solar innecesaria y
permite permanecer en la playa o los lugares de recreo veraniego sin estar
directamente expuesta la piel al sol.
Los lactantes, desde su nacimiento hasta los 6 meses no deben exponerse al
sol. A partir de esta edad y hasta los 3 años, las exposiciones solares han de
limitarse. Los niños mayores deben exponerse al sol para poder producir vitamina
D pero evitando el bronceado intenso y las quemaduras, ya que son factores
predisponentes al cáncer de piel en la edad adulta.
TRATAMIENTO DE LAS QUEMADURAS SOLARES
En una primera fase el tratamiento consiste en analgesia (cese del dolor),
mediante la aplicación de compresas frías sobre la piel enrojecida. Las cremas
con cortisona tienen un alto poder antiinflamatorio y son de gran utilidad en
lesiones de poca extensión.
La hidratación de la piel con cremas hidratantes es de utilidad sólo si hay una
ligera irritación y, en cualquier caso, son recomendables después de la
exposición solar.
Si se ha producido una lesión muy enrojecida y molesta se deben evitar nuevas
exposiciones solares a corto plazo.
Si la lesión es muy extensa o ha sido más profunda (aparición de ampollas) puede
ser necesario tratamiento tópico para quemaduras: Crema de sulfadiacina
argéntica y tratamiento oclusivo (vendaje), que debe ser realizado por personal
sanitario.
RIESGO DE CANCER DE PIEL
La piel expuesta de manera continua al sol es estimulada por los rayos
ultravioleta. Si ese estímulo es excesivo o la piel es poco resistente al sol
puede producirse un cáncer de piel. Los rayos solares producen continuamente
efectos inflamatorios y de pigmentación en la piel. El efecto de la radiación
ultravioleta es acumulativo, es decir, que la piel "recuerda" todas las
estimulaciones recibidas durante la vida de la persona. A largo plazo la piel
puede expresar una enfermedad cutánea grave por efecto solar mantenido (y
acumulado). Por eso es importante que los niños y niñas se expongan con
prudencia al sol ya que a lo largo de su vida acumularán el efecto nocivo de los
rayos ultravioletas en la piel, siendo especialmente sensibles en las edades
tempranas de la vida. La necesidad de sol debe dosificarse a lo largo de toda la
vida, evitando las sobreexposiciones bruscas.
El cáncer de piel relacionado con la exposición al sol es de 2 tipos:
Cáncer Epidermoide o Epitelioma: Es la
malignización de las células propias del recubrimiento de la piel. Se manifiesta
con una pequeña área costrosa, verrugosa o ulcerada en la piel. Una forma típica
es como una herida que no cura bien y no desaparece con los tratamientos
habituales. Este tipo de cáncer suele afectar a las áreas de piel más expuestas
al sol (cara, cuello, hombros y espalda). El tratamiento es quirúrgico
(extirpación) y la mayor parte de los casos son curables si se diagnostican en
fase precoz.
Melanoma: Es la malignización del componente
pigmentario de la piel. Se trata de melanocitos anómalos que forman una lesión
oscura en la piel, muchas veces similar a una peca. Es difícil distinguir una
peca normal de una maligna (melanoma) por lo que se recomienda consultar al
médico en casos de aparición reciente de una peca, si ésta es muy oscura, tiene
bordes irregulares o crece rápidamente. El tratamiento es sobre todo quirúrgico
(extirpación) y pueden añadirse otros tratamientos complementarios con radio,
quimio o inmunoterapia. Se trata de una lesión agresiva que si no se trata a
tiempo puede ser muy grave.
BENEFICIOS DEL SOL
Los rayos ultravioletas que recibimos del sol son imprescindibles para que el
metabolismo mineral sea correcto. Concretamente, el sol es el responsable de que
los huesos se mineralicen correctamente ya que interviene de forma definitiva en
la conversión del calcio de la sangre en materia ósea. El sol debe tomarse de
forma habitual para facilitar la formación de una correcta masa ósea. Durante el
crecimiento en la infancia es aconsejable tomar el sol (con prudencia, evitando
la exposición excesiva en edades tempranas) para mejorar la incorporación de
calcio al hueso y lograr una óptima mineralización.
La información que aparece en esta página no debe considerarse
asesoramiento médico para problemas individuales. Por favor, consulte a
su médico para obtener información completa sobre las enfermedades y su
tratamiento.